Carta
de Juan Vargas al Mayor Vidal Panizo
hijo del Coronel Arnaldo Panizo
(Aproximadamente
Junio de 1914)
Estimado
amigo:
Grato
me es dar contestación a su estimable carta fecha 22 del ppd. Mayo, en la que
me pide Ud. diga por escrito todo lo que me consta con relación a los hechos
que se desarrollaron en el asalto que a la plaza de Ayacucho dio el General D.
Andrés A. Cáceres, el día 22 de Febrero de 1882.
Verdaderamente
que me proporciona Ud. un momento bien desagradable, al pedirme mi opinión
sobre ese simulacro de combate, pues fui testigo y actor y como se trata de una
calumnia de las tantas que inventan los famosos historiadores y héroes, hay que
decir la verdad desnuda cuando se reseña o se escribe para la historia.
Fui
el autor de que el Ejército que comandaba su Sr. padre, Coronel D. Arnaldo
Panizo, firmara una acta desconociendo al Jefe de la Quebrada, General Cáceres,
y juramentándonos a sacrificarnos en aras de la Patria, doquiera que se
presentara el enemigo común, pues no habíamos dejado nuestros hogares y
familias para estar jugando a revoluciones.
Aprobada
el acta y firmada por todos los jefes y oficiales del Ejército, se puso en
manos del coronel Panizo, a fin de que la firmara, como también el Coronel D.
Enrique Bonifaz, Jefe del Estado Mayor del Ejército.
El Coronel Panizo se negó a firmar, manifestándonos que habiendo hecho él su renuncia al General Cáceres, no podía aceptar esta nueva situación. Aceptamos sus razones.
Los
patrióticos motivos que me impulsaron a dar este paso, voy a exponerlos, por vía
de ilustración; pues es Ud. joven y debe conocerlos.
El
esclarecido patriota D. Nicolás de Piérola, Jefe Supremo de la Nación, que
sin descanso alguno preparó desde Ayacucho el gran plan de ataque a la capital
de la República, ocupada por el enemigo común, organizando previamente, por
medio de sus subordinados, las fuerzas necesarias, en el Sur, Norte y Centro;
que comisionó al Comandante D. José R. De la Puente a la Argentina, para la
adquisición de elementos, y una vez estos listos, emprendió marcha con su Secretario
General, Capitán de Navío, Sr. Aurelio
García y García a Arequipa y después a La Paz, donde conferenció y acordó con el Excm. Sr. General D. Narciso Campero, Presidente de Bolivia, el gran plan
salvador.
Como
tuviéramos datos verídicos de que el Coronel
D. José la Torre, Comandante en Jefe del Ejército de Arequipa, estaba
comprometido con el titulado Gobierno Magdalénico, le pidió al Sr. Dr. D.
Pedro A. Del Solar Jefe Superior de los Departamentos del Sur, que cambiara con
otro Jefe al Coronel La Torre, por las causales que dejo dichas.
El
Dr. Solar apoyó a La Torre y lo garantizó; garantía que casi le cuesta la
vida, pues al sublevarse en Arequipa, La Torre, proclamando a García Calderón,
estando el Dr. Solar en Tingo, lo primero que hizo fue mandar un regimiento para
que lo trajera, vivo o muerto; pero ya el Dr. Solar había escapado, debido a un
buen amigo, el Sr. Coronel D. José Manuel Bueno de La Torre.
El
gran plan a que hago referencia en mi anterior párrafo, fue el siguiente:
Calculadas
las jornadas y demás circunstancias, el Gral. Campero saldría de La Paz con su
Ejército, sobre Tarapacá, con el fin de quitarle a Chile la Caja Fiscal,
destruyendo cuantas salitreras hubiese en pié.
El
Dr. Solar emprendería marcha sobre Tacna y Arica, con el Ejército de su mando.
Nosotros,
los de Ayacucho, emprenderíamos marcha a unirnos con el Ejército del General Cáceres,
en La Quebrada, y el General Montero, limpiando los Departamentos de su mando de
fuerzas chilenas.
En
efecto: fui llamado a la Secretaría General y recibí mis instrucciones para
que emprendiese marcha con el Batallón de mi mando “Libres del Cuzco” No.
11, fuerte de 750 plazas, armado de Peabody y con 150 tiros por plaza.
Al
siguiente día emprendí marcha sobre Huanta, lugar en el que debía dejar las
acémilas que llevaba de Ayacucho, a fin de que éstas, una vez descansadas,
sirvieran para el Batallón “Dos de Mayo”, que debía seguirme, dirección a
la Quebrada.
Ya
puede Ud. suponer el entusiasmo de Jefes, oficiales y tropa; pero cuando me
preparaba para seguir mi marcha, recibí un propio de Ayacucho, portador de un
oficio del General Buendía, Comandante en Jefe del Ejército, en el que se me
ordenaba contramarchar al Cuartel General. ¿Qué motivó esta orden?. Va Ud. a
saberlo:
El
Jefe Supremo recibió un expreso del Cuzco, en el que se le avisaba por el
Prefecto Chocano, que el Coronel La Torre se había pronunciado a favor del García
Calderón en Arequipa y que una división al mando del Coronel Belisario Suárez,
venía sobre el Cuzco para amagar Ayacucho.
No
obstante esta contrariedad, me manifestó S.E., al regresar a Ayacucho, que si
el General Cáceres le permanecería leal, como lo creía por el tenor de sus
cartas, muy pronto emprenderíamos la marcha sobre Lima.
Los
resultados Ud. y todo el mundo los sabe. ¿A qué amargarnos la sangre con el
recuerdo?. Pues vino la dimisión de S.E., en la que terminó con estas
sacramentales palabras: “Dios salve al Perú del abismo abierto por sus
propios hijos!”.
Por
la relación que le hago, fue por lo que, de acuerdo con los demás jefes y
oficiales del Ejército de Ayacucho, resolvimos no reconocer la autoridad de Cáceres
ni la de ningún revolucionario.
Días
después de la dimisión de Piérola, se presentó en Huanta el Coronel Morales
Bermúdez, de donde mandó un propio con un oficio, en el que le comunicaba al
Coronel Panizo que había sido nombrado Prefecto del Departamento de Ayacucho
por el General Cáceres, y que al aceptar tan delicado puesto, no llevaba otro móvil
que el de proporcionar al Ejército de su digno mando, todo lo que le faltase.
Bien
caro nos costó, por la falta de carácter de los jefes del Ejército; pues con
la Prefectura de Morales Bermúdez, nos faltó hasta la carne para el rancho; y,
lo que fue peor, cumpliendo órdenes del General Cáceres, cambió subprefectos
y gobernadores, a fin de que estos no avisaran al Coronel Panizo,
cuando viniera a sorprendernos en Ayacucho.
En
efecto: el General Cáceres llegó a las alturas de Ayacucho el Martes 21 al
amanecer, acampó y tomó la única bajada a la población, colocando ahí una
avanzada al mando del Cornl. Arciniega.
El
asalto debió ser a las 4 am. Del 22, pero a esa misma hora, más o menos,
se retiraban grupos de indios que habían venido a pasar los días del
Carnaval y estos fueron sorprendidos, cuando menos lo esperaban, con la voz de
“alto, quién vive!” Al oír esto, los indios voltearon caras cuesta abajo y
entonces el coronel Arciniega dio orden de romper los fuegos y quemando como
cincuenta tiros por plaza, habrían continuado haciendo fuego, si el mismo
General no los hace cesar.
Entonces
el General Cáceres, comprendió que no era posible la sorpresa a las fuerzas de
Panizo y resolvió dar un rodeo para entrar por “Carmenca”, lo que en efecto
hizo.
Tan
luego como concluyó el desfile del Ejército hacia “Carmenca”, bajaron a la
ciudad el General Segura y algunos empleados civiles y algunas rabonas; y por el
General Segura supo el coronel Panizo todo lo que dejo dicho, y que el ataque
iba a tener lugar por “Carmenca”.
Tan
ignorábamos todo lo que nos amenazaba que después de “Diana”, el Miércoles
de Ceniza, llevé a la pampa a mi batallón a hacer ejercicios; no bien había
llegado, cuando recibí orden de la Comandancia General que me retirara a mi
cuartel, porque el General Cáceres se aproximaba en son de combate.
La
primera medida de Panizo fue enviar de parlamentario al Mayor Bentín a donde el
General Cáceres diciéndole por escrito que sabía sus intenciones; que evitara
el derramamiento de sangre; que juntos nos daríamos un abrazo a la sombra del
pabellón nacional para ir juntos en busca del enemigo común.
El
General retuvo al parlamentario y siguió el avance, desplegando sus fuerzas y
rompiendo los fuegos sobre la 1ª Compañía “Libres del Cuzco”, que al
mando del Capitán D. Manuel Zegarra, mandé de descubierta a los potreros de
“Carmenca”.
Notando
el Coronel Panizo que diezmaban a la Compañía “Libres del Cuzco”, la que
luchaba sola contra las fuerzas de Cáceres, ordenó al Coronel Rivera Feijoo
que bajara y desplegara en la pampa su batallón “General Pérez”, a
favorecer a la compañía “Libres”.
Tan
luego como este desplegó en la pampa, fueron asesinados por la espalda el
Coronel Feijoo y su 2º jefe Comandante Zagal; dispersándose el Batallón en
carrera, camino al Cuzco.
Este
fue el resultado que obtuvieron los conspiradores caceristas, que estaban en el
secreto del avance de su caudillo.
Una
vez dispersado el “General Pérez”, el Coronel Panizo ordenó que el “Dos
de Mayo”, comandado por el Coronel Agustín Moreno, avanzase hasta el Alto de
“Carmenca” y tomase la artillería enemiga, que era la única que nos
molestaba con sus disparos; pues ya teníamos más e 200 pasados, y muchos
coroneles y oficiales subieron al Acuchimay, manifestándole al Coronel Panizo
que estaban rendidos.
Como
el Coronel Panizo no se moviera, a pesar del fuego que se oía en la población,
me acerqué a él y le dije que “ por qué no desfilábamos a la población”,
a lo que me contestó: “Espero a Cáceres que viene subiendo la cuesta”, me
asomé y vi, efectivamente, que avanzaba a caballo, con su Escolta.- Fue
entonces que yo le dije a Panizo: “¿Por qué no lo obliga Ud. A echar pié a tierra y a su
escolta?” A lo que me contestó: No, Coronel, al fin es General Peruano”.
A
pocos momentos subió Cáceres y le dirigió a Panizo las siguientes palabras:
“Coronel Panizo, nos ha recibido Ud. Como chilenos”. No, mi General le
contestó Panizo – Es Ud. El que ha venido a sorprendernos como a tales. No,
señor- le dijo Cáceres.- Entonces, Panizo, levantando más la voz, le agregó:
“¡Le he mandado a Ud. hasta un parlamentario!” –No lo he recibido- y
concluyó con estas palabras el General Cáceres: “Está bien, Coronel, está
Ud. Preso. Mi Mayor- dirigiéndose al jefe de su escolta: reciba Ud. La espada
del Coronel”- a lo que contestó el Coronel Panizo: “Está bien, mi General,
pero que conste que entrego mi espada vencedora y no vencida”.
Al
oír este diálogo y ver el final, me dirigí al Coronel Panizo y le dije: “Mi
Coronel, yo no obedezco más órdenes que las de Ud.; ¿Qué hago con mi
tropa?.- El Coronel Panizo me contestó: “Coronel Vargas, resígnese a seguir mi suerte,
y caiga sobre el General Cáceres la responsabilidad ante la Nación, de toda la
sangre derramada el día de hoy”
Este
fue el final de la tan renombrada acción de “Acuchimay”, posición a la que
subieron jefes, oficiales y tropa a rendirse, invocando el ser peruanos a fin de
que no les hiciéramos daño; y que si obtuvieron el resultado que apetecían,
fue debido a la excesiva caballerosidad y nobleza del Comandante en Jefe, Sr.
Coronel D. Arnaldo Panizo; que al haber sido otro, ese día habría sido el último
del General Cáceres y de sus tenientes.
De
lo que digo bajo mi firma, son hechos que me constan, por haber sido actor y que
sostengo en todo terreno, porque es la verdad desnuda de toda pasión política
y pudiendo agregar muchas otras cosas más, pero que no son del caso.
Recuerdo
como sobrevivientes, al Coronel Efectivo D. Mariano 2º Luna, Teniente Coronel
D. Cesar Jiménez, Mayor D. Manuel Zegarra, Enrique Muro, y Capitanes: Primitivo
Arce Ramírez y D. Raymundo Gómez, en ese día mis subordinados, como oficiales
que eran del ejemplar Batallón “Libres del Cuzco”
No. 11 , en disciplina y moralidad.
Me
he extendido demasiado, pero con lo dicho basta para desmentir la calumnia.
Suyo,
aftmo. Y S.S. y amigo
Firmado
- Juan N. Vargas Q.
Fuente:
“Para la historia. El Coronel de Artillería Don Arnaldo Panizo y el
Combate de Acuchimay”