Discurso del Contralmirante Melitón Carvajal
en los servicios fúnebres del Capitán de Navío
Juan José Panizo y Talamantes

Señores:
Los restos que vamos a sepultar son los de un distinguido Jefe de nuestra marina, fundador de la independencia nacional, que ha llenado con hechos notables páginas de nuestra historia.

A ellos animó el ilustre Dn. Juan José Panizo y Talamantes, Capitán de Navío, digo mal, Contralmirante de nuestra Armada, porque si hubiese sobrevivido a la rebelión que intentó personalmente contener en el buque de su insignia habría conservado dicho grado en virtud de la ley que pocos años después reconoció sus clases a los militares que fieles al cumplimiento de su misión de conservar el orden público, sostuvieron la autoridad de gobierno constitucional de 1865.

Singular es la serie de dificultades que han retardado hasta hoy, por más de 40 años, la traslación de estos restos a su sepulcro definitivo. Encontrados afortunadamente, en el cementerio de Arica por el que fue Dn. Arnaldo Panizo, vástago del extinto y distinguido coronel de nuestro ejército, en circunstancias en que la república se hallaba bajo el peso de la guerra de 1879, fueron depositados en la Batería del norte que este jefe comandaba y que defendía a Arica por ese lado. A la toma de esa ciudad, la que ilustró con su heroica resistencia el inmortal Bolognesi, habrían ellos también caído en poder del enemigo si nuestros compatriotas de esa localidad no los hubiesen puesto oportunamente a salvo, permitiendo así el que más tarde fueran recogidos y trasladados a esta capital y al fuerte de Santa Catalina en donde hasta hoy han permanecido cuidadosamente conservados.

Perteneció el Contralmirante Panizo a aquella legión de jóvenes limeños que entusiastas se enrolaron en defensa de la causa de la independencia nacional, a la edad de 17 años, en Noviembre de 1821, recibía el título de Guardia Marina y se embarcaba en la Corbeta “Limeña”, uno de los primeros buques que formaron la Escuadra Peruana que organizó el ilustre prócer generalísimo San Martín.

En esta nave y en la Fragata “Presidente” hizo Panizo toda la campaña de la independencia asistiendo a diversos hechos de armas en los que se distinguió por su arrojo y bizarría.

A mediados de 1828, es esa aciaga época en que Bolívar declaró guerra al Perú en nombre de Colombia, se encontraba nuestra corbeta “Libertad” cruzando en el golfo de Guayaquil, avanzada de nuestra flota que a la sazón se preparaba para aquella guerra, cuando fue atacada de improviso, frente a la punta de Malpelo, por dos naves colombianas perfectamente preparadas para realizar abordego sorpresivo y eficaz, pero nuestra corbeta, apercibida por tal contingencia, aceptó el combate y maniobró tan hábil y acertadamente que no solo logró evadir el abordaje sino que después de una hora de reñida pelea, perseguía ya en caza a la Capitana enemiga que se retiraba a toda vela sobre Guayaquil con más de 60 hombres fuera de combate y serias averías, a la par que su compañera, la Corbeta “Pichincha”, cortaba en su línea de comunicación, corría al sur e iba así a entregarse a nuestras autoridades en Paita.

En este hecho de armas, de tan honroso como proficuo resultado para las nuestras, el entonces Teniente 2º. Panizo, comandante de la corbeta, sucedió en el mando de ésta por haber caído herido su 1º. Muy poco tiempo después de iniciado el combate.

Posteriormente, en esta misma campaña, el Teniente Panizo, al mando de una Cañonera, se distinguió por su serenidad y arrojo en el ataque que llevó a cabo nuestra escuadra contra las fortalezas de Guayaquil y naves colombianas que defendía ese puerto contribuyendo así eficazmente a la toma de unas y otras y el triunfo definitivo de nuestras armas en esa campaña.

A este periodo de agitación militar siguió otro de relativa tranquilidad durante el cual Panizo continuó prestando servicios importantes en nuestros buques y dando siempre marcadas pruebas de sus aptitudes y puntualidad, lo que le mereció avanzar grado a grado en su carrera hasta alcanzar en 1837 la clase de Capitán de Fragata.

A principios de 1838, se hallaba el Comandante Panizo en Islay y al mando de una división naval compuesta de una corbeta y un bergatín en circunstancias que llegaba a esas aguas una flota chilena formada de cinco naves que, portadoras del desahucio del tratado de Paucarpata, traían nuevamente la guerra al Perú y, por lo tanto, intenciones hostiles contra la División de Panizo.

Prevenido este, por el bergatín “Junín” que venía del Sur, de la proximidad inesperada de esas fuerzas, sale del puerto con sus naves tan pronto como avista a las enemigas y a pesar de la inferioridad de las suyas, inicia el ataque denodadamente contra la avanzada de aquellas y lo continúa contra su fuerte logrando con su arrojo y hábiles maniobras no solo proteger la retirada del Junín, de pobre andar, y permitirle así su arribo al Callao donde se dirigía, sino aún quedar dueño del campo y conservarse con sus buques en el mismo puerto de Islay que tenía encargo de custodiar y defender.

El simple relato de este hecho delinea claramente las aptitudes, el valor y la previsión de este distinguido Jefe y agrega nuevo elogio a los que de antemano habían formado ya su merecida reputación. A la llegada al Callao del “Junín” que notició de tan satisfactorio como importante resultado, el Gobierno confirió a Panizo la clase de Capitán de Navío el 10 de Agosto de 1838.

Pasa el Capitán Panizo los años siguientes de su carrera desempeñando diversos puestos entre los que figuran el mando de la Escuadra y la Comandancia General del Departamento Marítimo del Callao, rodando siempre el prestigio y autoridad que había adquirido.

Pero sus méritos personales lo llamaban durante la paz a puesto de mayor importancia y, en Junio de 1856, se le encomendaba la dirección del Colegio Naval Militar, la que desempeñó con notable acierto durante nueve años, dando a la Armada y al Ejército numeroso personal de oficiales debidamente preparados para el desempeño de estos servicios. De estas existen aún algunos que recuerdan a su digno Jefe con la veneración que supo inspirarles por el ejemplo de su porte y virtudes.

Vuelven a ser necesarios los servicios del Capitán Panizo en la Escuadra y en Abril de 1865 se le dio el mando de una División Naval compuestas de las Fragatas “Amazonas” y “Apurimac” y del Transporte “Chalaco”. Poco después, en mérito de su acertada actuación en las operaciones militares del sur, recibió el ascenso a Contralmirante y arboló su insignia en la primera de aquellas naves, en la cubierta de la cual fue alevosamente victimado el 24 de Junio de ese mismo año, por soldados insurgentes en momentos de presentarse ante ellos intimidándoseles obediencia.

Así rindió la vida este ilustre Jefe de marina que durante toda su carrera, así como en este último momento, había dado pruebas de vehemente culto por el cumplimiento del deber; cuyo valor y pericia militares, tanto como por su competencia profesional y el porte caballeresco y circunspecto que le distinguía, le habían granjeado la estimación de la sociedad en general y el respecto, consideraciones y aprecio de sus compañeros en particular, de los cuales dan ahora mismo testimonio el manifiesto recogimiento con que asistimos a esta importante ceremonia y le distinguido personal que le realza con su presencia.

No ha llegado aún el momento de que la historia, con criterio severo e imparcial, juzgue las conmociones políticas que azotaron a la República en los primeros años de su vida independiente, en algunas de las cuales militó el ilustre marino cuyos restos vamos a depositar en esta fúnebre morada. Con todo, sea cual fuere ese juicio, él en nada amenguará el valor intrínseco de los hechos culminantes de su carrera de 44 años, que brevemente acabo de resumir, los que, en todo caso, llenarán hermosas páginas en la historia de la Marina Nacional y honran hoy mismo el nombre ilustre que ha legado.

Escuchadme, señores, que me valga de esta solemne oportunidad para reiterar ante la tumba de mi ilustre profesor y digno Jefe la expresión de mi agradecimiento a los favores que de él merecí y a las atenciones con que me distinguió todo el tiempo que estuve a su lado, ya como alumno del Colegio Naval Militar, ya como oficial enmarcado, sirviendo bajo sus órdenes, en las fragatas “Apurimac” y “Amazonas”.

Contralmirante Panizo, Descansa en Paz!.

Melitón Carvajal.

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